Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D)
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Declaraciones escritas
ES
Situación actual de la aplicación de los Reglamentos sobre el certificado COVID digital de la UE (debate)
El 1 de julio entró en vigor el Reglamento relativo al Certificado Digital COVID de la Unión Europea con el objetivo de contribuir a restaurar la libertad de movimiento dentro de la UE, un derecho seriamente restringido tras la declaración de la pandemia. A partir de esta fecha, los Estados miembros deberían estar preparados para emitir y verificar el documento físico o electrónico que acredita qué personas están vacunadas, se han realizado algún test o han superado la enfermedad. El Reglamento establece, no obstante, un periodo de seis semanas a fin de que los Estados miembros puedan prepararse para emitir los certificados a los que hace referencia la Regulación. Veintiuno de ellos, así como Noruega, Islandia y Liechtenstein, ya habían comenzado a emitir certificados antes del 1 de julio, y cinco más comenzaron a hacerlo a partir de esa fecha. Sin embargo, según datos de la Comisión Europea del 1 de julio, quedan todavía seis Estados miembros sin la preparación necesaria para su implementación (Hungría, Irlanda, Malta, Países Bajos, Rumanía y Suecia), circunstancia que obligará a redoblar esfuerzos en este sentido.
(inicio de la intervención fuera de micrófono)... vergonzosos. Permitir humillar a ciudadanos europeos, maniatados, arrodillados y vejados por llevar ayuda humanitaria a Gaza no es una provocación, es la imagen de una impunidad. Y Europa no puede permanecer en silencio, ni este Parlamento puede permitirlo. Se calló cuando un miembro del Gobierno de Netanyahu celebraba una ley que permite ahorcar a los palestinos. No sigamos permitiendo la impunidad. Europa tiene que poner sanciones en contra del Gobierno de Netanyahu que humilla a ciudadanos europeos.
Es hora de concretar el mercado único para dar certidumbre y previsibilidad a las empresas de la Unión y crear empleos de calidad (debate)
Señora presidenta, cuando escuchamos hablar del mercado único, demasiados ciudadanos piensan en reglamentos, procedimientos, estadísticas... Piensan en algo lejano, pero hagámonos una pregunta muy simple: ¿de qué sirve el mayor mercado del mundo si millones de europeos no pueden llenar la nevera, pagar el alquiler o encender la calefacción? Nuestro mercado único es una conquista histórica, sí: ha unido economías, ha generado prosperidad y ha convertido Europa en una potencia global, pero no sobrevivirá al siglo XXI si se convierte en una máquina al servicio de unos pocos mientras crece la pobreza, la precariedad y el miedo. Hoy casi noventa y cinco millones de personas en la Unión Europea están en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada cuatro niños europeos vive bajo esa amenaza. ¿Cómo podemos hablar de competitividad cuando millones de ciudadanos viven en una inseguridad permanente? ¿Cómo podemos pedir confianza en Europa cuando trabajar ya no garantiza salir de la pobreza? Por eso hay que decirlo alto y claro: la competitividad europea solo será sostenible si tiene un alma social. Y por eso necesitamos urgentemente una ambiciosa Ley de Empleo de Calidad, porque los trabajadores europeos merecen derechos frente a los abusos de la inteligencia artificial en el trabajo, frente a la desconexión en el teletrabajo y el fin de las cadenas de subcontratación. Por eso agradezco a la presidenta Von der Leyen que hoy haya anunciado esta Ley de Empleo de Calidad, y por eso necesitamos un verdadero Pacto Europeo de Cuidados, porque Europa no puede tener una economía fuerte sosteniéndose sobre mujeres agotadas y cuidados invisibles. Y, por eso, todos los Estados miembros deben aplicar plenamente la Directiva sobre unos salarios mínimos adecuados en la Unión Europea. Y también cuando hablamos de competitividad tenemos que pensar una cosa: ¿competitividad para quién? ¿Para los fondos especulativos, para las grandes multinacionales o para los ciudadanos europeos que sostienen este continente con su trabajo? Porque simplificar nunca puede significar desregular, porque no existe soberanía económica sin soberanía social y tampoco existe un mercado único fuerte en un continente fracturado territorialmente donde los jóvenes se ven obligados a abandonar sus ciudades porque ya no pueden pagar una vivienda. Necesitamos una regulación de alquileres turísticos y protección frente a la especulación. Mientras tenemos en cuenta esto, debemos también pensar que cuando los ciudadanos europeos están sufriendo las consecuencias de guerras injustas, las grandes compañías energéticas acumulan beneficios extraordinarios inaceptables. Por eso, presentar un impuesto europeo a los beneficios caídos del cielo es fundamental también para tener en cuenta esta dimensión social. Y necesitamos acelerar —no frenar— el Pacto Verde Europeo, porque la extrema derecha quiere convencernos de que la transición ecológica es el problema, pero la realidad es exactamente lo contrario. Europa es pobre en combustibles fósiles y cada euro que pagamos por petróleo y gas financia a quienes desprecian nuestros valores democráticos. Por eso, necesitamos invertir masivamente en energías renovables, en industria limpia y en empleos verdes de calidad, y el Fondo Europeo de Competitividad debe servir exactamente para eso: para apoyar a nuestra industria y acompañar a los trabajadores en las transiciones laborales justas, porque el «Made in Europe» solo tendrá sentido si también significa empleos dignos en Europa. Y defendamos la verdad frente a la retórica tóxica de la extrema derecha. Señorías, Europa no puede —no debe— elegir entre competitividad y justicia social. Esa es una falsa elección. La verdadera elección es otra: o construimos una Europa que proteja a los ciudadanos o dejaremos espacio al miedo, a la desigualdad y al autoritarismo. Construyamos una Europa que no compita rebajando salarios, sino liderando en innovación y derechos; una Europa que no dependa del petróleo de los autócratas, sino de la fuerza de sus energías limpias; una Europa que no abandone a sus trabajadores, a sus jóvenes o a sus mayores; y una Europa que tenga el coraje de defender la paz. Y, además, tengamos en cuenta que ese es el mercado único que Europa merece.
Señora presidenta, «los afganos no deben pagar el precio de las acciones de los talibanes». «Debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar volver a la edad oscura del régimen talibán». «Estamos con vosotras». «Los derechos de las mujeres deben protegerse»... Estas frases les sonarán familiares porque se han pronunciado aquí, en esta Cámara. Las pronunció nuestra presidenta Metsola, las pronunció el señor Weber y las pronuncié yo misma, y lo hicimos cuando las cámaras enfocaban el sufrimiento del pueblo afgano. Hoy, cuando las cámaras se han apagado, se invita a los talibanes a Bruselas. Los mismos talibanes que prohíben a las niñas estudiar. Los mismos talibanes que encarcelan a las mujeres en sus propias casas. Los mismos talibanes para los que el precio de una mujer es menor que el de un animal. Y, ahora, la Comisión Europea quiere sentarse con ellos para hablar de las deportaciones. Europa no puede convertirse en una máquina de expulsión que negocia con verdugos mientras presume de valores, porque si Europa legitima a quienes practican el apartheid de género, entonces no estamos defendiendo nuestros propios valores: los estamos traicionando.
Estrategia de la Unión en respuesta a la actual crisis en Oriente Próximo, sus repercusiones en los precios de la energía y la disponibilidad de fertilizantes (debate conjunto)
Señora presidenta, señor Weber, lecciones, las justas. En un momento en el que el Partido Popular en España está cerrando acuerdos con la extrema derecha, con un principio como es la «prioridad nacional», es decir, con un partido socio de Orbán con principios xenófobos, lecciones, las justas. Pero vamos a hablar de lo que hoy tenemos que hablar aquí. Hace dos meses comenzó una guerra ilegal e irresponsable de Trump y Netanyahu contra Irán. Prometieron una guerra rápida y redentora, pero han sembrado destrucción, muerte y fanatismo. Hoy vemos el rastro de sangre que se extiende por Irán, Gaza, Cisjordania y el Líbano. En el Líbano, hablamos de 2 000 muertos, 1 200 000 desplazados y la ocupación del 10 % del territorio. Eso no es seguridad, eso es devastación. Y frente a esto, y frente a esta realidad, señora Von der Leyen, Europa no puede ser simplemente espectadora de la historia. Debe ser garante del Derecho internacional, de la democracia y de la paz. Permítanme hablar alto y claro: apoyamos el derecho de Israel a defenderse frente a Hamás, Hizbulá o el Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica, pero ese derecho no ampara crímenes contra la humanidad. Y lo que estamos viendo hoy cruza todas las líneas rojas. Y no haber escuchado ni una sola palabra de usted, señor Weber, o de usted, señora Von der Leyen, sobre la aprobación de la pena de muerte contra los palestinos es totalmente inaceptable. Si me duele a mí, si eso me duele a mí hoy aquí, qué no sentirán los millones de europeos que ni aceptan ni entienden el silencio cómplice de Europa. Y, por eso, no vamos a callar. Exigimos hechos: suspendan el Acuerdo de Asociación con Israel, impongamos sanciones al Gobierno de Netanyahu. Se lo digo también al Partido Popular y a usted, señor Weber: la complacencia solo tiene un nombre. Vasallaje. Vasallaje ante quienes están dinamitando el orden internacional basado en reglas; vasallaje frente a quien debilita a Europa y empobrece a nuestros ciudadanos. Porque esta guerra no solo mata allí. También golpea aquí. Golpea a las familias europeas con facturas de la luz disparadas. Golpea a los trabajadores con una inflación que vuelve. Golpea a nuestras economías con una dependencia energética que nos hace vulnerables. Y ante eso no basta solo con recomendaciones. Solo hay que tener una acción clara: liderar. Necesitamos medidas concretas, valientes y justas. Un impuesto europeo a los beneficios extraordinarios de las petroleras que están haciendo dinero, en sus bolsillos, con esta guerra. Necesitamos desacoplar el precio del gas del de la electricidad para abaratar de inmediato la factura energética. Necesitamos flexibilizar las ayudas de Estado y activar la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Necesitamos proteger a los más vulnerables: tarifas sociales de energía, prohibición de cortar el suministro a quienes no pueden pagar. Necesitamos reactivar instrumentos como el SURE, porque elegir entre llenar el depósito del coche o llenar el frigorífico no es algo digno y aceptable en Europa. Y, sobre todo, necesitamos una apuesta firme por el Pacto Verde Europeo, porque la única manera de romper esta dependencia que nos empobrece es acelerar la transición hacia las energías renovables. No volvamos a caer en la trampa de la extrema derecha para diluirlo. El Pacto Verde Europeo no es el problema. El Pacto Verde Europeo es la solución. Europa tiene recursos, talento y fuerza. Lo que falta es voluntad política. Si de verdad les preocupan los ciudadanos, demuéstrenlo. Señorías, Europa nació de las cenizas de la guerra para defender la paz, la dignidad y la justicia. Hoy, frente a quienes quieren imponer la ley del más fuerte, nos corresponde decidir qué Europa queremos construir. La socialdemocracia lo tiene claro: queremos una Europa que no se arrodilla ante el poder, sino que defiende el Derecho. Una Europa que protege a los ciudadanos. Una Europa que lidera la paz. Esa es la Europa por la que vamos a luchar y por la que vamos a trabajar.
Conclusiones de la reunión del Consejo Europeo del 19 de marzo de 2026 (debate)
Señora presidenta, señor presidente, señor comisario, ¿cuánta destrucción más hace falta para que se admita la realidad? ¿Cuántas pruebas más se necesitan para condenar una guerra ilegal que nunca debió empezar? Señora Montserrat, todo el empeño y el esfuerzo que hacen por decir que el señor Sánchez está solo se convierte en una confrontación con la realidad. Y es que los que están cada vez más aislados son ustedes, cuando el presidente Sánchez se ha convertido en la persona que lidera la respuesta clara de la ciudadanía europea en la defensa del multilateralismo y en la defensa del derecho internacional. Porque, un mes después de que Trump prometiera una guerra rápida, una guerra de cuatro semanas, ¿dónde está la libertad del pueblo iraní que tanto se aplaudió? ¿Cuál es el resultado? No ha caído la dictadura de los ayatolás, pero sí han caído más de 4 000 iraníes, más de mil civiles en Líbano, hay 800 000 desplazados, Gaza sigue siendo arrasada en silencio, Irán ataca a los países del Golfo, el estrecho de Ormuz está cerrado y el mundo entero se asoma a una crisis energética sin precedentes. Ese es el resultado. Y yo pregunto a quienes hasta ahora han estado callados: ¿van a condenar de una vez la violación del derecho internacional por parte de Trump y Netanyahu, sí o no? Porque el silencio es complicidad. Y no nos engañemos, esta guerra no solo destruye vidas allí, también golpea con fuerza a nuestros ciudadanos aquí. El petróleo ha alcanzado ya los 120 dólares por barril; el gas, los 60 dólares por megavatio. Y con el encarecimiento de la energía llegan la inflación, el desplome del consumo, el cierre de empresas y la desigualdad. En medio de esta tragedia escuchamos a Trump decir que, si sube el petróleo, mejor para los Estados Unidos. ¿Mejor para quién? ¿Para las familias que no pueden llenar el depósito? ¿Para los trabajadores que ven cómo sube la cesta de la compra? No, mejor para las grandes petroleras. Porque esta es la verdad incómoda: estamos ante una guerra que beneficia a unos pocos y empobrece a la mayoría. Por eso decimos basta: basta de hipocresía, basta de mirar a otro lado. Porque hay que proteger a nuestras familias y a nuestras pymes antes de que sea demasiado tarde. Y hay que decirlo alto y claro: desmantelar el Pacto Verde, como quieren el Partido Popular y la extrema derecha, no es una solución, es el problema. Es condenarnos a seguir dependiendo de combustibles fósiles que financian guerras. La única salida es acelerar la transición verde, las renovables, la autonomía energética y la energía limpia. No aceptaremos que utilicen esta crisis como excusa para debilitar el sistema del comercio de emisiones. No lo desmantelen. No trasladen el coste de la contaminación a los ciudadanos. Y, mientras hablamos de responsabilidades, no podemos ignorar a quienes bloquean la solidaridad europea: el veto de Orbán al préstamo de 90 000 millones a Ucrania es una verdadera vergüenza. Señorías, Europa no puede ser rehén ni de autócratas externos ni de cómplices internos. Esta Unión no nació para inclinarse ante los poderosos. Si renunciamos a defender nuestros principios cuanto más se ponen a prueba, dejamos de ser lo que decimos ser. Porque la paz no es debilidad. La paz es el mayor acto de coraje político. Y Europa debe estar a la altura de ese coraje.
Señora presidenta, me reconforta escuchar, de sus palabras, el apoyo de este Parlamento a la defensa de la dignidad de los derechos humanos, a la población civil que está sufriendo y a todos los colectivos que, en este momento, necesitan un mensaje claro de las instituciones democráticas. Me reconforta mucho escuchar sus palabras, al inicio de este Pleno, condenando el régimen de Irán y los ataques que se están produciendo en algunas ciudades europeas contra la población judía. Me reconforta y me congratula. Pero me congratularía también escuchar esas mismas palabras —porque tienen el mismo sentido— ante los ataques injustificados a la población civil en países como Líbano, donde miles de personas están perdiendo la vida en estos últimos días por una guerra ilegal. Creo que todos los inocentes civiles que están siendo víctimas de esta guerra ilegal necesitan tener el mismo reconocimiento, y me gustaría que fuera un reconocimiento de toda esta Cámara.
Consejo Europeo y situación en Oriente Próximo (debate conjunto)
Señora presidenta, no a la guerra, sí al Derecho internacional. Este es el sentir de una gran parte de la ciudadanía europea. Y usted, señora Von der Leyen, ha afirmado que Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial. Pero el problema no es si el orden mundial es viejo o nuevo, el problema es quien permite que se viole. Y cuando Europa responde con complacencia y apaciguamiento, lo que se está haciendo es abrir la puerta a que autócratas como Trump o Netanyahu lo pisoteen sin consecuencias. Su responsabilidad no es declarar obsoleto el orden internacional, su responsabilidad es defenderlo, es exigir el cumplimiento de las normas y plantar cara a los autócratas con hechos. Se planta cara activando el instrumento anticoercitivo cada vez que un Gobierno amenaza a la Unión Europea con aranceles. Se planta cara imponiendo sanciones cuando un Gobierno comete un genocidio y se planta cara defendiendo el Pacto Verde Europeo, no desmontándolo, para que las energías renovables nos liberen del gas y del petróleo de los tiranos más crueles. Señora Von der Leyen, usted justificó el ataque contra Irán diciendo que no se debe llorar el régimen iraní. Tiene razón en una cosa: ningún demócrata llora por la dictadura de los ayatolás, un régimen que ha reprimido brutalmente a su pueblo —especialmente a las mujeres— y que ha desestabilizado toda la región. Por eso, hemos apoyado sanciones contra ese régimen y queremos más sanciones hasta asfixiar a la dictadura. Pero una cosa es no llorar por el régimen y otra muy distinta es guardar silencio ante la muerte de inocentes. Porque muchos de nosotros sí lloramos por las más de 150 niñas asesinadas en una escuela en Minab por los bombardeos estadounidenses. Lloramos por los más de 500 civiles muertos en el Líbano bajo los ataques israelíes. Y lloramos porque todas las vidas valen lo mismo. Y, precisamente por eso, debemos decir lo evidente: el ataque militar de los Estados Unidos e Israel contra Irán viola la Carta de las Naciones Unidas. Si aceptamos que las grandes potencias pueden bombardear cuando quieran, entonces el Derecho internacional deja de existir y volvemos a la ley de la jungla. Además, esta guerra ya está golpeando a nuestras empresas y trabajadores. El precio del petróleo y del gas vuelven a dispararse y resulta intolerable mirar hacia otro lado. Existe también un riesgo real de una crisis migratoria de enorme magnitud. En definitiva, Trump organiza la fiesta y los ciudadanos europeos pagamos la factura. Permítame dirigirme también a usted, señor Weber. Han apelado a la unidad de la Unión Europea en política exterior y estoy completamente de acuerdo con usted, pero esa unidad hay que practicarla y se empieza pidiendo lo fundamental, que es condenar la violación de la Carta de las Naciones Unidas y exigir el respeto al Derecho internacional. Y, también, estoy de acuerdo con apelar a su unidad como ha hecho la representante del Consejo, mostrando solidaridad cuando un país de la Unión Europea es atacado, y usted tuvo la oportunidad de ponerse del lado de España cuando, en la Conferencia de Presidentes, presentamos un debate para hablar de esto, pudo ponerse del lado de España y se puso del lado de la extrema derecha, votando en contra de mostrar un mensaje de unidad y de solidaridad con un país de la Unión Europea. Así no se demuestra la unidad. La Unión Europea nació para sustituir la ley del más fuerte por la fuerza de la ley. Ese es el principio que hoy está en juego. Ese es el principio que debemos defender frente a los autócratas. Y ese es el principio que debe guiar la voz de nuestra Unión en el mundo: la paz, la justicia y la dignidad de todos los pueblos.
Madam President, International Women's Day is about a simple truth: equality never moves forward by accident. It moves forward because women fight for it. Across Europe and the world, reactionary forces are trying to turn back the clock on women's rights. They attack feminists, trivialise violence and spread hate. To them, we say clearly: we will not go backwards. Not one step. Because feminism is not a threat; feminism is democracy in action. It is the belief that half of humanity deserve the same power, the same pay, the same safety and the same freedom. Today, new battlefields are emerging in the digital space, where millions of women and girls face harassment and intimidation. But our answer will always be the same. And we have to do it for Nicole. We have to do it for our women. We have to do it for our society. The history of women's rights is the history of courage. And with that courage, Europe will keep moving forwards.
Cuatro años de guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y contribuciones europeas a una paz justa y una seguridad duradera para Ucrania (debate)
Señora presidenta, señor presidente Zelenski, gracias por acompañarnos una vez más, aunque sea a distancia. Sabe que esta es su casa, la casa de la democracia europea. Cuatro años después del 24 de febrero de 2022, la plaza de Maidán en Kiev apenas tiene espacio para una bandera más. Cada fotografía bajo la nieve es un hijo, una madre, un compañero caído. Se han registrado casi 15 000 civiles asesinados, más de 40 000 heridos, militares caídos, desplazados, refugiados, infraestructuras energéticas destruidas en pleno invierno para dejar a la población sin luz ni calefacción. Y, sin embargo, el pueblo ucraniano sigue en pie. Esto no es solo resistencia: es dignidad, es conciencia de nación, es defensa de Europa. Putin creyó que tomaría Kiev en cuestión de días. Cuatro años después, no ha logrado ninguno de sus objetivos: Ucrania no cayó, no instaló un Gobierno títere, no quebró su voluntad. La guerra relámpago que imaginó se ha convertido en el mayor error estratégico desde el fin de la Guerra Fría. Pero esta guerra nunca fue solo contra Ucrania. Es un ataque frontal contra el orden europeo, contra la idea de que las fronteras no se cambian por la fuerza y contra el derecho de los pueblos a decidir su destino. Putin no quiere la paz. Necesita la guerra para sostener su régimen. Necesita el conflicto permanente y la desestabilización. Por eso, no podemos confundir el cansancio con la derrota ni la negociación con la rendición. Hoy debemos estar a la altura de nuestra propia historia. El préstamo de 90 000 millones con deuda común es un paso importante, pero no es suficiente. Antes o después, la Unión Europea debe confiscar los 210 000 millones de euros en activos rusos congelados para financiar la reconstrucción. No es venganza: es justicia. En Europa aprendimos que quien destruye, paga. El vigésimo paquete de sanciones es imprescindible, y quien hoy bloquea las sanciones y la ayuda a Ucrania está debilitando Europa y fortaleciendo al agresor. Viktor Orbán no encarna la paz; encarna la impunidad. Y a las fuerzas europeístas les digo con claridad: no se puede defender el proyecto europeo mientras se pacta con quienes lo erosionan desde dentro. Cada vez que se sienten, que negocien una enmienda o que acuerden un voto con aquellos que apoyan a Orbán, están cometiendo una traición contra el pueblo ucraniano. También debemos cumplir una exigencia legítima del propio presidente Zelenski: si reconocemos el derecho de Ucrania a la legítima defensa, debemos permitirle neutralizar los objetivos militares. Señorías, la seguridad de Ucrania es la seguridad de Europa. Hoy se decide en el Este la credibilidad de nuestra Unión. Si Ucrania cae, cae la promesa europea de libertad. Si Ucrania resiste, resiste Europa. Nuestra generación no eligió esta guerra. Pero sí elegirá cómo termina. Pasará tiempo. Costará sacrificios. Pero Putin perderá esta guerra. Y, cuando el azul y el amarillo de Ucrania ondeen definitivamente en paz junto con el azul y el amarillo de la Unión Europea, sabremos que no solo defendimos a un país, sino la idea misma del proyecto europeo. Slava Ukraini. Viva Europa.
Medidas urgentes para revitalizar la competitividad de la Unión, profundizar el mercado único de la Unión y reducir el coste de la vida: del informe Draghi a la realidad (debate)
Señora presidenta, cuando hoy hablamos de competitividad, no hablamos de un concepto abstracto, ni siquiera de un eslogan de moda; hablamos de la vida real de millones de europeos, de personas que trabajan más que nunca y, sin embargo, sienten que retroceden un poco más cada día, porque mientras la productividad ha aumentado durante décadas, los salarios no lo han hecho de la misma manera, porque hoy, en la Unión Europea, más del 8 % de las personas que trabajan están en riesgo de pobreza, porque desde 2015 el precio de la vivienda ha subido un 63 %, lo que convierte el acceso a un hogar en una auténtica emergencia social, y porque en pleno invierno más del 90 % de los ciudadanos tienen problemas para calentar sus casas. Lo diré sin rodeos: una Europa que sufre no es una Europa competitiva. Todos aspiramos a mejorar la competitividad —por supuesto que sí—, pero no como un fin en sí mismo, sino como un camino para mejorar la vida de las personas. La competitividad no puede significar nunca empobrecer a quienes sostienen nuestra economía. Por eso quiero ser muy clara, señora Von der Leyen: Europa no competirá bajando salarios ni debilitando los derechos sociales. Eso no es fortaleza económica, es vulnerabilidad estructural. Y, señor Weber, ¿de verdad cree el Partido Popular que una carrera hacia el abismo social y climático hará a Europa más fuerte frente a los Estados Unidos o a China? ¿Realmente piensan que desregular a toda prisa con los paquetes ómnibus nos hará más competitivos? Nuestra respuesta es distinta: competir no es ser más baratos, es ser mejores; mejores invirtiendo en las personas, en la industria limpia, en la innovación y en la cohesión social, porque la verdadera competitividad nace de empleos de calidad, de formación continua, de servicios públicos sólidos y de trabajadores que tienen voz en sus empresas. Si queremos una competitividad real, necesitamos un mercado único más integrado que proteja a las personas y no solo a los beneficios, un pacto verde como motor de crecimiento y soberanía, clave para reducir las dependencias y abaratar la energía para familias y empresas, y una política industrial europea ambiciosa con un verdadero made in Europe en sectores estratégicos, cadenas de valores sólidas y contrataciones públicas que premien la calidad, el empleo digno y la sostenibilidad, y no únicamente el precio más bajo. Y necesitamos también una transformación digital en la que las plataformas cumplan las leyes y protejan a los consumidores, porque sin normas que se respeten no hay innovación ni competitividad. El propio informe Draghi lo reconoce con claridad: la Unión Europea debe invertir al menos 800 000 millones EUR al año para sostener su modelo económico y social, y, sin embargo, el próximo marco financiero plurianual no está a la altura de esta propuesta. Señorías, la Unión Europea nació para convertir la cooperación en fuerza y la solidaridad en poder, y hoy, en un mundo inestable y fragmentado, nuestra competitividad será la capacidad de proteger, de innovar y de liderar al mismo tiempo. Esa es la Europa que defendemos y esa es la Europa que debemos construir si queremos seguir siendo relevantes, libres y fuertes.
Política de regularización a gran escala en España y sus repercusiones en el espacio Schengen y la política de migración de la Unión (debate)
Señor presidente, señorías del Partido Popular, gracias por haber propuesto este debate. Sabemos que lo han hecho no para fortalecer Europa, sino para intoxicar y atacar a un Gobierno legítimo y para alimentar el mismo veneno que hoy intoxica democracias enteras: el miedo, la mentira y la violencia importados por el trumpismo. Pero para nosotros este debate nos ofrece la oportunidad de confrontar dos modelos distintos y de demostrar a qué Europa aspiramos. En España, cientos de miles de personas ya viven entre nosotros: trabajan, cuidan a nuestros mayores, recogen nuestros alimentos y sostienen sectores enteros de nuestra economía. Son parte de nuestras comunidades, pero se les niega los derechos básicos. Mantenerlos en la sombra no es firmeza, es hipocresía, y sacarlos de la clandestinidad no es debilidad, es dignidad. España conoce bien lo que significa emigrar. Fuimos un país de maletas y fronteras cruzadas por necesidad. Hoy somos un país próspero y abierto, y tenemos la obligación moral de no repetir con otros lo que no quisimos que hicieran con nosotros. Pero también hay una verdad que la derecha intenta ocultar, y es que España y Europa necesitan migración, porque sin migración no hay pensiones, no hay sanidad y no hay crecimiento. En España, las personas migrantes aportan el 10 % de los ingresos a la Seguridad Social y apenas suponen un 1 %. Y al escucharles hoy, señorías del Partido Popular, resulta inevitable preguntarles por qué regularizó José María Aznar a más de medio millón de personas cuando gobernaban y hoy llaman efecto llamada exactamente a lo mismo. ¿Por qué votaron a favor de tramitar la iniciativa legislativa popular que dio origen a esta regularización y ahora fingen escandalizarse? Señor Tobé, sus compañeros del Partido Popular votaron a favor en el Congreso de los Diputados de que se tramitara esta iniciativa. La respuesta es sencilla: porque han claudicado ante la agenda involucionista de Vox, y la historia demuestra que quien copia a la extrema derecha acaba devorado por ella. Aquí hay dos modelos: el suyo —el de los muros, los bulos y el miedo— y el nuestro —el de los derechos, la integración y el futuro—. Ustedes apuestan por el odio que empobrece; nosotros, por la fortaleza y la convivencia. Y Europa, señorías, solo tiene un camino, y es el del futuro.
Señora presidenta, quería, por supuesto, comenzar agradeciendo al presidente Costa y a la presidenta Von der Leyen sus palabras de solidaridad con el pueblo español, a las que me sumo en apoyo a todas las víctimas y los familiares de los accidentes de tren ocurridos en estos últimos días. Hace un año que Donald Trump regresó al poder y, con él, regresó una idea peligrosa: que el orden internacional es un estorbo y que la ley del más fuerte puede sustituir al Derecho. Aranceles del 25 % contra aliados europeos, amenazas abiertas, chantaje económico y desprecio a la soberanía ajena. Trump no es una anomalía pasajera: es un ataque frontal a la Europa que ayudó a construir. Y frente a sus ansias imperialistas, Europa no puede dudar, no puede esconderse, no puede callar. Porque Trump solo entiende el lenguaje del poder y Europa tiene poder: tiene poder económico, tiene poder comercial y político. La pregunta es si estamos dispuestos a usarlo. Ante los aranceles y las amenazas sobre Groenlandia, la respuesta debe ser inmediata y firme: suspender las negociaciones del acuerdo comercial con Estados Unidos, activar el instrumento anticoercitivo, reforzar la presencia militar en Groenlandia y preparar con urgencia un plan para que la Unión Europea esté en condiciones de responder si Dinamarca solicita la asistencia prevista en el artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión Europea. Señora Von der Leyen, Groenlandia no es solo un asunto de la OTAN, también es responsabilidad de la Unión Europea y, como tal, debemos asumirla y no mirar hacia otro lado. Lo mismo ocurre con América Latina. No bastan declaraciones genéricas, hay que decirlo sin ambigüedades: la agresión de Trump contra Venezuela y sus amenazas de uso de la fuerza contra países como Colombia, Cuba, México, Panamá y Canadá son inaceptables y son ilegales. Y Europa no puede normalizarlas. Porque América no es propiedad de Trump, es propiedad de sus pueblos y sus gentes. En Venezuela, Trump ha dejado claro su objetivo y no es la democracia, es el petróleo. Lo demuestra despreciando a la oposición democrática venezolana y anunciando el control estadounidense sobre la industria petrolera venezolana. Ese es su único interés. Nuestra posición debe ser clara: condenar la violación del Derecho internacional y, al mismo tiempo, implicarnos activamente para facilitar un proceso de transición democrática real. Señora Von der Leyen, se lo advertí en el Pleno de diciembre y hoy se confirma: la política de apaciguamiento y complacencia frente a Trump no funciona. Cuando no se responde a tiempo, el problema se agrava. ¿Cuántas provocaciones más hacen falta para reaccionar? Y permítame, también, ser clara con respecto a Gaza. La llamada Junta de Paz que promueve Trump no es un proyecto de paz, es un negocio al servicio de sus amigos. Si de verdad queremos la paz, Gaza debe ser gobernada por la Autoridad Palestina, no por un consejo para repartir poder e influencia. Señor Weber, el tiempo ha demostrado que se equivocó. Nos acusó de romper la coalición europeísta por oponernos al infame acuerdo arancelario con Trump. Y hoy estamos en esta situación. Pero nunca es tarde para volver al lado correcto. Igual que nos entendimos y trabajamos por unidad para defender a Ucrania, porque era defender Europa, ahora tenemos que trabajar por esa unidad para defender la soberanía europea. Frente a la Doctrina Monroe, la Unión Europea debe responder con más soberanía en defensa, energía, tecnología y comercio. En ese contexto, no podemos paralizarnos y, por eso, debemos empujarnos a avanzar también mediante alianzas estratégicas como el acuerdo con Mercosur, construyendo cuanto antes una mayoría en este Parlamento. Porque ese es nuestro objetivo: convertir cada crisis en una oportunidad para reforzar Europa. Y frente a la Europa del silencio, de la sumisión y del miedo, construiremos la Europa soberana del coraje, de la democracia y de la dignidad. Una Europa que no se arrodilla, una Europa que no calla. Una Europa que sabe defender su lugar en el mundo.
Preparación de la reunión del Consejo Europeo de los días 18 y 19 de diciembre de 2025, en particular la necesidad de apoyar a Ucrania, las relaciones transatlánticas y la autonomía estratégica de la Unión (debate)
Señora presidenta, la nueva estrategia de seguridad nacional de Donald Trump no es un malentendido ni una ocurrencia: es una declaración de hostilidad contra la Unión Europea. Nos señala como adversarios, legitima a la extrema derecha y abraza un mundo gobernado por autócratas y multimillonarios sin escrúpulos. Nuestra obligación histórica es clara: convertir la estrategia de seguridad nacional de Trump en la declaración de independencia de la Unión Europea. Quiero dirigirme a usted, señor Weber. No se puede decir que se defiende el proyecto europeo mientras se pacta con los aliados de Trump en esta Cámara, con los falsos patriotas de la extrema derecha que quieren destruir Europa. Señor Weber, cuando usted se alía con los extremistas hace suyos los valores de Trump. Y por eso yo me pregunto: ¿son esos los valores que defiende el Partido Popular Europeo? ¿Los valores de quien desmantela medios de comunicación, ataca a universidades y amenaza a jueces y periodistas? No hay equidistancia posible entre la democracia europea y el autoritarismo trumpista. Tengámoslo claro. Y me dirijo también a usted, señora Von der Leyen: la adulación ha fracasado. El apaciguamiento ha fracasado. La historia europea es clara: apaciguar a los autócratas nunca ha traído paz, solo más agresión. Ayer volvíamos a ver cómo la Administración norteamericana de Trump amenazaba a la Unión Europea por legislar para defender los derechos de los ciudadanos europeos frente a los tecnócratas de las grandes tecnológicas, y no he escuchado ni una sola palabra en este debate. ¿El silencio es la solución? ¡No! Vamos a decirlo claro. Los socialistas y demócratas vamos a dejar muy claro que si defendemos la libertad en Europa es la libertad de legislar como consideramos y de proteger nuestra legislación frente a aquellos que quieren atacarla. Por eso, el Consejo que se celebra mañana tiene una responsabilidad histórica. La Unión Europea debe utilizar los 210 000 millones de euros en activos rusos congelados. No es solo una cuestión de solidaridad, es una cuestión de justicia y seguridad. Y, a iniciativa del Grupo Socialdemócrata, el Parlamento ha aprobado el procedimiento de urgencia, porque los crímenes de Putin no pueden quedar impunes. No pueden quedar impunes las matanzas de Bucha o Mariúpol. No pueden quedar impunes el sufrimiento de más de 7 millones de refugiados ni el secuestro de 20 000 niños ucranianos. Quien destruye, paga. Putin debe pagar por la guerra que ha desatado, y si no lo detenemos en Ucrania también estará en juego nuestra propia seguridad. La única respuesta posible frente a Trump y Putin es derrotar la adulación con autonomía estratégica: autonomía en defensa, ejecutando de manera urgente el Programa para la Industria de Defensa Europea (EDIP) y el instrumento «Acción por la Seguridad de Europa» (SAFE); autonomía energética, con una propuesta inmediata para prohibir el petróleo ruso; autonomía comercial, concluyendo sin más dilaciones el acuerdo con Mercosur, y autonomía tecnológica, defendiendo sin complejos nuestra soberanía digital y nuestras leyes, como el Reglamento de Servicios Digitales. Señora von der Leyen, esta autonomía estratégica no será posible sin un marco financiero plurianual fuerte, porque los recortes solo benefician a los enemigos de Europa. Hoy no se decide solo una posición política, se decide qué Europa somos y qué Europa queremos ser. Frente a la Europa del miedo, de la sumisión y del repliegue, construiremos la Europa del coraje, de la justicia y de la autonomía. Frente a la Europa de otros que la quieren débil y dividida, nosotros construiremos una Europa fuerte, soberana y fiel a sus valores. Esa es la Europa que está en juego. Y esa es la Europa que vamos a defender.
Presentación del Plan Europeo de Vivienda Asequible (debate)
Señora presidenta, hoy sentimos orgullo por dar un paso histórico: hoy se aprueba el primer Plan Europeo de Vivienda Asequible, un plan que no cae del cielo. Es el resultado de tres años de trabajo intenso desde la anterior legislatura y, sobre todo, de la determinación del Grupo S&D de poner la vivienda en el centro de la agenda europea. También es el fruto del compromiso del comisario de Energía y Vivienda. Querido comisario Jørgensen, gracias por compartir una convicción fundamental: que la vivienda no es una mercancía más, sino un derecho fundamental. Porque la realidad es dura: en los últimos quince años, los precios de la vivienda han aumentado más de un 60 % en la Unión Europea y los alquileres, casi un 30 %. El 62 % de los europeos teme no poder permitirse una vivienda digna. Más de 1 200 000 personas, entre ellos 400 000 niños y niñas, duermen hoy sin un techo. Y esto no son estadísticas, esto es una emergencia social. Por eso este Plan importa y, por eso, ahora toca ejecutarlo con rapidez y con ambición. Necesitamos una inversión masiva: 300 000 millones de euros para una vivienda asequible y digna. Necesitamos reformar las ayudas de Estado para que los Gobiernos puedan invertir sin trabas en vivienda social y vivienda para las clases medias. Necesitamos regular los alquileres de corta duración a nivel europeo para devolver a las ciudades a quienes viven y trabajan en ellas y no expulsar a las personas mayores, a los profesores, a las enfermeras o a los jóvenes de sus barrios. Necesitamos proteger a los inquilinos, frenar los desahucios a las familias y garantizar contratos justos y seguros. Y necesitamos una hoja de ruta clara para acabar con el sinhogarismo antes de 2030. Ha llegado el momento de decirlo con claridad: la era de la especulación debe llegar a su fin, porque el derecho a una casa está por encima del beneficio de unos pocos. Ahora hace falta voluntad política para convertir los compromisos en realidades. Casi el 80 % de los europeos dicen alto y claro que la vivienda es un derecho y este plan es una victoria del europeísmo social. Pero será juzgado por su impacto en la vida cotidiana de las personas. Construir Europa es también construir hogares, hogares que den seguridad, dignidad y futuro. Sigamos avanzando hacia una Europa del bienestar, donde la vivienda sea un pilar más de nuestro modelo social. Una Europa que proteja, una Europa que cuide y que cumpla. Esa es la Europa que entre todos y todas debemos seguir construyendo.
Posición de la Unión sobre el plan propuesto y compromiso de la Unión con una paz justa y duradera para Ucrania (debate)
Señora presidenta, queridos colegas, creo que lo determinante del momento en el que nos encontramos hace que podamos y debamos hablar con franqueza y claridad en este debate, porque el mal llamado plan de paz de Trump y Putin no es un plan de paz: es un plan de capitulación que traiciona nuestros valores. Un documento cocinado a espaldas de Ucrania y a espaldas de la Unión Europea que pisotea la soberanía, la independencia y la integridad territorial de un país. Reconoce el derecho de conquista, consagra la ley de la fuerza y convierte el multilateralismo en un adorno vacío. Y lo hace con una frialdad obscena para saciar las ansias imperialistas de Putin y para llenar los bolsillos de Trump. Porque seamos claros: es inaceptable obligar a Ucrania a renunciar al Donbás y a Crimea amputando su territorio como si fuera una moneda de cambio. Es inaceptable limitar a 600 000 efectivos su ejército, dejándola indefensa ante el agresor. Es inaceptable prohibirle entrar en la OTAN condenándola a una vulnerabilidad permanente. Y es profundamente inaceptable que Trump pretenda beneficiarse de los activos rusos congelados a costa de la Unión Europea. Señora Von der Leyen, no podemos caer en la trampa de la historia. En el siglo XX aprendimos que apaciguar a un dictador tiene un precio devastador. Aprendimos que quienes desprecian la democracia solo entienden el lenguaje de la fuerza. Hoy Putin es la prueba viviente de esa lección. Sabemos que solo se sentará a negociar de verdad cuando encuentre límites en el campo de batalla. Sabemos que, si dejamos caer a Ucrania, estaremos abriendo la puerta a nuevas agresiones, a un expansionismo que jamás se detendrá. Sabíamos que Trump abandonaría a Ucrania. Lo insinuó, lo anunció y ahora lo cumple. Por eso la Unión Europea debe actuar firme. Durante dos años le hemos pedido utilizar los activos rusos congelados para financiar un préstamo de reparación para reconstruir Ucrania y reforzar su defensa. Dos años esperando a la Comisión. Dos años esperando al Consejo. Dos años que hoy permiten a Trump presentarse como dueño de unos activos que solo pueden pertenecer al agredido: el pueblo ucraniano. Señora Von der Leyen, estoy segura de que comparte con nosotros esta posición y por eso debemos presentar una propuesta concreta ya. También es hora de decir otra verdad incómoda: ¿cómo puede un país ejercer su legítima defensa si le prohibimos responder a los ataques que destruyen hospitales, escuelas y centrales eléctricas? Entregamos armas a Ucrania, pero prohibimos usarlas donde Putin lanza sus misiles y sus drones. Esa contradicción debe terminar. Nuestra respuesta debe ser reforzar las sanciones, incluyendo la prohibición de importar petróleo ruso en enero y gas a finales de 2026. El final de esta historia no puede ser que Trump absuelva a Putin. El final debe ser Putin sentándose en el banquillo de la Corte Penal Internacional. Ese debe ser el final. Señora Von der Leyen, contará con nuestro apoyo para esta tarea. Nuestra Unión no puede repetir el error del apaciguamiento. Hoy debemos plantarnos no solo ante el criminal de Putin, sino también ante la frivolidad geopolítica de Trump. Y debemos hacerlo con la frente alta, defendiendo una verdad simple y luminosa: que la paz sin justicia no es paz y que una Europa valiente no se escribe con miedo, sino con principios, con solidaridad y con la convicción profunda de que Ucrania vencerá porque la Unión Europea no la abandonará jamás.
Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (debate)
Madam President, today is not a day for celebration. It is a day of sadness for every woman taken by violence and for every family with a pain that never ends. But for us, social democrats, it is also a moment to stand up with full strength. Every day, 140 women are killed – one every ten minutes – often by someone they once trusted. And we know the real number is even higher. Enough is enough. This is not a private problem, it is a European emergency. Too many women are questioned and not believed, and even asked to prove harm after surviving rape. We cannot remain silent. This impunity must end. The European Union must act with clarity and courage, recognise femicide, make 'only yes means yes' the law and include rape as EU crime. Let us move forward, strong and united, to build a Europe where fear has no place, justice is real and every woman can live free, safe and proud. Ni una menos.
Marco para lograr la neutralidad climática (A10-0223/2025 - Ondřej Knotek) (votación)
Señora presidenta, hemos comprobado que, en los últimos turnos de votaciones, hay grupos que están recurriendo a la petición de votación secreta, y me gustaría hacer una reflexión en esta Cámara. Una reflexión referida a la transparencia que se nos exige como representantes de la ciudadanía. Los ciudadanos y ciudadanas nos ponen aquí para representarlos y nosotros tenemos la obligación de ser transparentes y de decir cuáles son las decisiones que estamos tomando. Quizá haya diputados o diputadas a los que les da vergüenza las decisiones que toman. No lo sé. Pero no es un ejercicio democrático y de transparencia solicitar continuamente la votación secreta. Por eso, anuncio en este momento que mi grupo político, en la próxima Conferencia de Presidentes, va a solicitar la modificación del Reglamento interno para que lo que hoy es una excepción no se convierta en una regla.
Nuevo marco financiero plurianual 2028-2034: arquitectura y gobernanza (debate)
Señora presidenta, señora Von der Leyen, lo que hoy se debate y lo que hoy está en juego no es una simple negociación presupuestaria, usted lo sabe: es el modelo de la Unión Europea que queremos construir para la próxima década. Y lo que su propuesta ofrece no es más Europa. Llevamos meses dialogando con lealtad institucional y con voluntad constructiva. Le hemos escrito, la hemos escuchado, hemos hecho propuestas claras, viables y profundamente europeístas, pero su respuesta todavía no está a la altura del momento histórico en el que vivimos. Porque lo que nos propone —ese non-paper— no es una rectificación, es un cierto maquillaje. Y Europa no se salva con maquillaje, señora Von der Leyen, se salva con decisiones valientes, con presupuestos justos y con una visión compartida de futuro. En el Grupo S&D no pedimos imposibles. Pedimos lo esencial: que el próximo marco financiero plurianual refuerce la cohesión, la agricultura y la inversión social. Que cada euro invertido sirva para reducir desigualdades, no para consolidarlas. Que las regiones, las ciudades y los pueblos tengan voz en la planificación de su propio desarrollo y que este Parlamento —la única institución elegida directamente por los ciudadanos— no sea un convidado de piedra en las negociaciones. Señora Von der Leyen, ¿dónde está, en su propuesta, la política de cohesión con un presupuesto fuerte para todas las categorías de regiones? ¿Dónde está el Fondo Social Europeo que invierte en educación, en formación profesional, en reducción de la pobreza, en igualdad, empleo y salud? Porque esto de la transversalidad de la dimensión social me suena a no querer decir cuánto dinero hay, para que no haya una transparencia y una rendición de cuentas y, por lo tanto, quede disperso. Queremos compromisos claros y queremos un presupuesto con una dimensión social, con un Fondo Social Europeo, con un Fondo Europeo de Competitividad que también incluya esa dimensión social. ¿Dónde está la política agrícola común que garantiza nuestra soberanía alimentaria y el futuro de nuestros agricultores? Estas preguntas no se las hace solo la socialdemocracia, hoy resuenan en toda Europa: las formulan los agricultores, que defienden su sustento y su dignidad, las repiten las organizaciones medioambientales, que luchan por un planeta más habitable, y los ciudadanos, que sienten que Europa se aleja de sus preocupaciones. Y permítame recordar un hecho fundamental: la condicionalidad no puede ser una herramienta para castigar a las regiones por decisiones macroeconómicas que no controlan. Debe ser, ante todo, una garantía de valores: del Estado de Derecho, de la Carta de los Derechos Fundamentales, de la igualdad y de la libertad. La Unión Europea necesita un presupuesto que mire hacia delante, que incorpore la capacidad de una inversión común, que financie vivienda asequible, la transición verde, la innovación y la defensa, que use la fuerza del endeudamiento conjunto no como una excepción, sino como una herramienta permanente de solidaridad. Y también necesita los recursos para hacerlo posible. No se puede hacer más con menos. Si los Estados miembros no quieren aumentar sus contribuciones y, al mismo tiempo, estamos exigiendo nuevas prioridades, entonces no hay otra alternativa: la Unión Europea debe dotarse de un sistema de recursos propios. Es claro y es evidente, porque, sin una financiación sólida y justa, todas las palabras se van a quedar en eso, en promesas. Por eso, la Comisión no puede seguir gestionando el futuro de la Unión Europea solo con un espíritu contable. El futuro de Europa no se mide en columnas de gasto, sino en esperanzas compartidas. Señora Von der Leyen, hoy le decimos con claridad y con firmeza que esta propuesta no basta, pero también le decimos que aquí está la socialdemocracia: para trabajar, para mejorar y para cambiar, porque la ciudadanía merece más. Merece una Europa que cuide, no que calcule. Una Europa que invierta, no que recorte. Una Europa que proteja a sus agricultores, a sus trabajadores, a sus jóvenes. En definitiva, una Europa que crea en sí misma, tal y como los ciudadanos creen en ella. Y el Grupo S&D no descansará hasta hacerlo realidad.
Preparación de la reunión del Consejo Europeo del 23 de octubre de 2025 (debate)
Señora presidenta, nos encontramos ante un momento decisivo. En un mundo sacudido por guerras, por la crisis climática y por el aumento de las desigualdades, la ciudadanía europea espera algo más que diagnósticos: espera respuestas; respuestas que solo una Europa social y unida puede dar. Y mañana, por primera vez, el Consejo Europeo se prepara para pedir a la Comisión que presente un plan europeo de vivienda asequible. Es un paso histórico, y no habría sido posible sin el trabajo incansable del Grupo Socialdemócrata, porque ha sido la socialdemocracia la que ha puesto la vivienda en el centro de la agenda europea, con un principio claro: tener un hogar es un derecho, no un privilegio. Entre 2010 y 2025, los precios de la vivienda en Europa subieron un 60 %. Más de la mitad de los residentes en zonas urbanas dicen que el acceso a la vivienda es su principal preocupación y más de un millón de europeos siguen sin techo; por eso proponemos una respuesta ambiciosa: 300 000 millones de euros en inversión europea para viviendas dignas, una reforma de las ayudas de Estado para facilitar el acceso a las familias de renta media y baja, la regulación de los alquileres de corta duración, el refuerzo de los derechos de los inquilinos y un préstamo europeo para la renovación sostenible con criterios sociales. Porque una casa no es solo un tejado, es donde creamos una familia, donde cuidamos a nuestros seres queridos y construimos esperanza. Y esa esperanza debe guiar también nuestra acción frente a la emergencia climática. La Unión Europea solo será fuerte si lidera la transición verde con justicia social. Por eso defendemos mantener el objetivo del 90 % de reducción de las emisiones para 2040, transformarlo en ley y garantizar que nadie se quede atrás. Queremos una ley europea de adaptación que nos prepare ante las olas de calor, las sequías o los incendios; queremos una Directiva de transición justa que proteja a los trabajadores con formación, con diálogo y con anticipación, y un fondo social para el clima más ambicioso, que conecte la justicia climática con la justicia social. Y mientras construimos un futuro sostenible, no podemos ignorar el presente dolor y destrucción en Gaza. El alto el fuego y la liberación de los rehenes son imprescindibles, pero la paz solo será posible si se conduce a un Estado palestino viable. Y la paz tampoco puede construirse sobre la impunidad: el Consejo debe actuar suspendiendo el Acuerdo de Asociación con Israel, porque Netanyahu debe rendir cuentas por su genocidio, y la justicia no es negociable. Y frente al criminal de Putin debemos ser igualmente firmes: sabemos que no quiere la paz y solo la derrota lo sentará a negociar; por eso debemos aprobar ya el 19.º paquete de sanciones, confiscar los 200 000 millones en activos rusos congelados y prohibir, definitivamente, las importaciones de petróleo y gas, tal y como este Parlamento ha propuesto. El Consejo no puede seguir retrasando lo inevitable. Señorías, construyamos una Europa que vuelva a mirar a los ojos a sus ciudadanos y ciudadanas, una Europa que ofrezca techo a quien no lo tiene, paz a quien sufre la guerra, trabajo a quien busca dignidad y futuro a quienes solo conocen la incertidumbre. Porque cuando Europa se atreve a ser valiente, vuelve a ser creíble; porque cuando Europa demuestra ser humana, vuelve a ser grande.
Programa de trabajo de la Comisión para 2026 (debate)
Señora presidenta, presidenta Von der Leyen, hoy podemos decir con claridad que una parte importante de este programa de trabajo de la Comisión Europea lleva el sello socialdemócrata, y es la prueba de que el diálogo, la cooperación y el compromiso entre las fuerzas europeístas dan resultados concretos para los ciudadanos. Frente al ruido y la división, hemos elegido el camino de la responsabilidad y de la acción. Gracias al trabajo conjunto entre la Comisión y el Parlamento y al impulso de nuestro Grupo político, la Unión Europea contará con un plan europeo de vivienda asequible. Sabemos que el hogar no es un bien de lujo, sino un derecho. Revisaremos las normas sobre ayudas de Estado para que los municipios puedan construir vivienda pública sin miedo a ser penalizados. Y avanzaremos con una propuesta legislativa sobre los alquileres de corta duración para garantizar que nuestras ciudades sigan siendo habitables y no parques de inversión. Esta es una victoria de la política que pone a las personas por delante del mercado, pero no hay dignidad sin empleos y sin derechos. Por eso, hemos logrado incluirlo en una estrategia de la UE de lucha contra la pobreza con objetivos concretos y financiación real, incluyendo la garantía infantil reforzada para que en la Unión Europea ningún niño ni ninguna niña crezca sin oportunidades. Y porque el futuro del trabajo se está definiendo ahora. Impulsamos un acta de empleo de calidad con propuestas legislativas para regular el uso de la inteligencia artificial en el lugar de trabajo con el objeto de garantizar el derecho a la desconexión y el teletrabajo. Este es el verdadero rostro del progreso europeo. Y ese programa también exige mirar al futuro con visión transformadora. La economía europea no solo será fuerte si genera empleos verdes. Por eso, defendemos un Pacto Verde Europeo con justicia social. La Unión Europea debe mantener el rumbo y asegurar el objetivo climático del 90 % para 2040 con legislación concreta. No basta con reducir emisiones, debemos adaptarnos. Por eso —además de aumentar los recursos del Fondo Social para el Clima— impulsaremos una ley europea de adaptación y una directiva de transición justa. Porque la justicia climática y la justicia social van de la mano. También hemos dado un paso decisivo en competitividad sostenible. Revisar la Directiva sobre contratación pública para introducir criterios sociales y medioambientales es una forma de reforzar asimismo el papel de las pymes y de los contratistas regionales. También lo es la creación de un programa europeo para el leasing social de vehículos para incentivar una movilidad limpia y accesible, y así lo pidió nuestro Grupo político hace una semana. Permítanme terminar poniendo en valor la referencia que se ha hecho a la protección de los menores en las redes sociales. Creo que significa poner encima de la mesa una gran preocupación de las familias europeas de cómo protegemos a nuestros menores frente a los desafíos que hay en estos momentos. Señorías, este programa es la demostración de que la Unión Europea avanza cuando dialoga, no cuando se bloquea. Pero ahora viene lo más importante: convertir estas propuestas en realidad. Ha llegado el momento de elegir las alianzas que trasladamos aquí en el Parlamento para trabajar. Podemos trabajar juntos para cumplir ese programa o pueden seguir mirando hacia otros lados con agendas totalmente distintas. La verdad es que nuestra Unión no puede permitirse en estos momentos ningún error. El Grupo socialdemócrata elige seguir construyendo porque creemos en una Europa que protege y que progresa, en una Europa que une generaciones y territorios, en una Europa que no se encoge ante el futuro, sino que lo conquista con valentía. Sigamos las fuerzas europeístas construyendo esa Europa, una Europa que sigue siendo la mayor promesa de esperanza en nuestro tiempo.
Señora presidenta, salvar de la muerte a tantas miles de personas inocentes es un objetivo que muchísimos aquí en esta Cámara hemos compartido durante estos dos últimos años y, por lo tanto, todos debemos estar satisfechos. Muchísimas personas que estamos aquí llevamos estos dos últimos años pidiendo acabar con el terror que estaba ocurriendo en Israel y Palestina, y me hubiera gustado ver la misma intensidad y las mismas sonrisas que he visto hoy en esta Cámara a aquellos que han negado un genocidio que ha acabado con la vida de decenas de miles de niños inocentes —¡de decenas de miles de niños inocentes!—. Para todos los demócratas, para todos los que pensamos que es necesaria la paz, hoy es un día de celebrar, pero también es solo el comienzo. El final solo será posible el día que haya una realidad, que es que el pueblo de Israel y el pueblo de Palestina, dos Estados, puedan convivir en paz.
Respuesta unida a las recientes violaciones del espacio aéreo y las infraestructuras críticas de los Estados miembros de la Unión por parte de Rusia (debate)
Señora presidenta, quiero comenzar expresando toda nuestra solidaridad con Ucrania, que resiste desde hace más de tres años la agresión rusa, y con todos los países europeos que han visto cómo el régimen de Putin ha violado su espacio aéreo, saboteado sus infraestructuras y puesto en riesgo la vida de sus ciudadanos. Cada dron ruso que sobrevuela nuestra unión es una advertencia, y es que Putin no se detendrá. Hace mucho tiempo que lo dijimos: el apaciguamiento no funciona con los dictadores. No funcionó en el pasado y no funcionará ahora. Putin nunca quiso la paz: ni en Georgia, ni en Crimea, ni en el Donbás, ni hoy en el conjunto de Ucrania. Putin solo negociará cuando sienta que está perdiendo. Por eso debemos ayudar a Ucrania a ganar esta guerra. Señora Von der Leyen, ha llegado el momento de presentar una propuesta para confiscar los 200 000 millones de euros de activos rusos congelados. Y el Consejo debe asumir su responsabilidad y autorizar a Ucrania a utilizar armas occidentales contra todos los objetivos militares desde donde Rusia lanza sus ataques porque no hay tiempo que perder. Este es un momento decisivo y solo la Unión Europea puede garantizar la supervivencia de Ucrania, y de la supervivencia de Ucrania depende también nuestra propia seguridad. Pero no basta con ayudar. La Unión Europea también debe fortalecerse. Necesitamos una industria europea de defensa capaz de actuar, un pilar europeo dentro de la OTAN, un sistema común de defensa aérea y antidrón, y una mayor innovación, ciberseguridad y producción común. Putin desafía nuestra libertad, pero nuestra respuesta debe ser más Europa. Una Europa fuerte, unida, y capaz de proteger su cielo, su tierra y su futuro. No temamos el ruido de los drones. Respondamos con la fuerza de nuestra unión.
Papel de la Unión en el apoyo a los recientes esfuerzos de paz para Gaza y una solución de dos Estados (debate)
Señor presidente, hoy se cumplen dos años del ataque terrorista de Hamás, que dejó a 1 195 personas asesinadas y 251 rehenes. Dos años desde aquella jornada de horror que cambió la vida para siempre en Israel y en toda la región. Quiero comenzar recordando a las víctimas, a sus familias, a quienes hemos abrazado aquí, en Estrasburgo, y en Israel, cuando visité el horror de los kibutz y del festival de música donde la barbarie se desató. Nunca olvidaremos su dolor ni dejaremos de exigir la liberación de todos los rehenes. Pero el terrorismo no puede combatirse con un genocidio. No se derrota el terror asesinando a más de 67 000 palestinos, entre ellos 20 000 niños y niñas; ni convirtiendo a Gaza en una tierra arrasada donde dos millones de personas sobreviven sin agua, sin medicamentos, sin luz, sin alimentos y sin esperanza. El terrorismo se derrota desde el Estado de derecho. Europa lo sabe. Derrotamos el terrorismo en todas sus formas. Lo derrotamos con justicia, no con venganza. Por eso, ante el clamor de millones de ciudadanos que se manifiestan en las calles de nuestras ciudades exigiendo el final del genocidio, la Unión Europea no puede permanecer inmóvil. Y ante la valentía de hombres y mujeres que a bordo de la flotilla humanitaria han intentado romper el cerco de Gaza y llevar ayuda a quienes agonizan, no podemos quedarnos callados mientras son cobardemente detenidos por el Gobierno de Israel. La Comisión ha dado pasos, pero el Consejo debe actuar ya suspendiendo el acuerdo de asociación con Israel, imponiendo sanciones al Gobierno de Netanyahu y declarando un embargo de armas. Y debe hacerlo junto con un mecanismo para Gaza con el fin de reconstruir lo destruido y devolver la dignidad al pueblo palestino. El plan de Trump no puede servir únicamente para parar la guerra y devolver los rehenes. Cualquier plan de paz debe servir también para abrir de una vez por todas el camino hacia la creación del Estado palestino, porque sin ese horizonte no habrá paz posible. Y el principal obstáculo para la paz es Netanyahu. Porque Netanyahu ha reconocido haber financiado a Hamás para hacer imposible la solución de los dos Estados. Europa debe elegir complicidad o coraje. Y el coraje consiste en defender la única solución posible: dos pueblos, dos Estados, que vivan en paz y en igualdad. Paremos el genocidio. Que hable la humanidad.
Señora presidenta, ¿podemos permitirnos una Europa bloqueada cuando Putin intensifica su guerra contra Ucrania y lanza incursiones en territorio europeo? ¿Podemos quedarnos inmóviles cuando Trump ha declarado una guerra comercial contra nuestros trabajadores? ¿Podemos quedarnos callados frente al genocidio que Netanyahu comete contra el pueblo palestino? ¿O podemos cerrar los ojos mientras millones de familias esperan nuestra respuesta ante problemas como la vivienda o los salarios? La respuesta es sencilla: no podemos. Pero quiero dejar algunos mensajes claros también en este debate, señora Von der Leyen: la Comisión Europea no puede sostenerse sobre aquellos que se convierten en la muleta de quienes niegan el cambio climático que mata a nuestros ciudadanos y arrasa nuestros territorios, de quienes niegan la violencia machista que cada año cuesta la vida a miles de mujeres y de quienes arrebatan el derecho al aborto, de quienes aplauden el plan genocida de Netanyahu mientras extermina al pueblo palestino o de quienes convierten la vivienda en un negocio especulativo para los fondos buitre. Esa no es la Europa que necesitamos. Esa es la Europa que necesitamos derrocar. Señora Aubry, al Grupo The Left le digo que, sobre Gaza, compartimos la misma posición. Condenamos el genocidio y exigimos el fin inmediato de la impunidad de Netanyahu. Pero hay algo que nos diferencia a nosotros, los socialistas, de ustedes: y es que ustedes han renunciado a la negociación como vía para lograr resultados y, en lugar de seguir presionando para adoptar medidas concretas ante el genocidio, proponen una moción que saben que fracasará y que solo podría salir adelante con los votos de la extrema derecha. Creo que es importante tener en cuenta eso, pero, también, señora Von der Leyen, tenemos que ser conscientes de que cada uno de nosotros, a nivel individual, no somos nada. Usted no es Europa. Por supuesto, yo tampoco soy Europa, ni lo es este edificio ni lo es el Berlaymont. Ni siquiera el Consejo ni los primeros ministros. Europa somos todos los ciudadanos y ciudadanas, y por eso exijo hoy que escuchemos las voces de cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas europeas que han tomado las calles en Ámsterdam, en Berlín, en Madrid, en Milán, en toda Europa, pidiendo el fin del genocidio. Escuchemos esas voces. Sin el papel del Grupo socialdemócrata, la Comisión jamás habría asumido compromisos tan relevantes como la suspensión de la parte comercial del Acuerdo de Asociación UE‑Israel y las sanciones contra el Gobierno de Netanyahu, el rechazo a ceder ante Trump en defensa de nuestra soberanía digital, la presentación de un plan europeo de vivienda asequible o el compromiso de mantener la neutralidad climática. Frente al grito vacío de la extrema derecha y ante una izquierda que hace tiempo renunció a negociar, nuestra respuesta es clara: el diálogo, la negociación y el compromiso son los que dan frutos para mejorar la vida de los ciudadanos y las ciudadanas. Por eso, señora Von der Leyen, también mi advertencia es clara: tienen que elegir entre sus enemigos antieuropeos o sus aliados europeos. Y que quede claro: nuestro apoyo no es incondicional, depende de usted. Solo tendrá nuestro apoyo si cumple con las promesas acordadas. Queremos ver sus promesas en el programa de trabajo que la Comisión debe presentar en noviembre, porque la socialdemocracia no aceptará que Europa sea encadenada al fanatismo, a la injusticia o a la mentira. Nuestra Europa es la de la paz frente a la guerra, la de la justicia frente al genocidio, la de la solidaridad frente al egoísmo, la de la dignidad frente a la especulación y la de la igualdad frente a la discriminación. Esa es la Europa que jamás dejaremos caer. Esa es la Europa que los socialdemócratas defendemos.