11
Sep
2025
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Estrategia europea para abordar la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia (debate)
Señor presidente, señor comisario, señorías, el alzhéimer afecta a millones de personas en toda Europa, cerca de un millón solamente en España. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia, unos recuerdos que, poco a poco, se van apagando, y estas cifras podrían duplicarse en las próximas décadas si no actuamos con decisión. Y hoy sabemos cómo: con un diagnóstico temprano y el acceso a tratamientos innovadores, sin olvidar el apoyo integral a los enfermos y a sus cuidadores, que deben convertirse en pilares fundamentales de nuestra acción. En muchas ocasiones las familias atraviesan, en soledad, situaciones difíciles que agotan sus recursos, tanto materiales como emocionales. Es muy duro tener que dejar de compartir las cosas con un ser querido de la misma forma en que se hacía antes de la enfermedad: aunque cambie la relación, su presencia es más profunda y valiosa que nunca, porque trasciende a lo que hace o lo que dice. Puede que ellos se olviden, pero nosotros no podemos: no queremos olvidarnos de ellos. Pedimos, por lo tanto, a la Comisión una apuesta europea clara de inversión para la investigación de este tipo de enfermedades y aplaudimos los esfuerzos de los equipos científicos que trabajan en Madrid y Barcelona con resultados ya muy esperanzadores. Hay avances tecnológicos que nos permiten profundizar en el conocimiento de nuestro cuerpo —mecanismos biológicos— y así conocer las causas y acertar con los tratamientos, pero también con la prevención y el diagnóstico. Son muchos los factores que afectan a nuestra salud cerebral. Cada vez convivimos con más ansiedad, estrés o depresión y vemos cómo aumenta la incidencia de otras enfermedades neurológicas, no solo el alzhéimer, sino también la epilepsia, las migrañas crónicas, la demencia o el trastorno bipolar. Estas representan ya el 35 % de las enfermedades que se padecen hoy en Europa y generan un impacto económico superior a los 800 000 millones de euros al año en la Unión Europea. Sin embargo, hay todavía muchas de ellas que siguen invisibilizadas y, por lo tanto, no existe una estrategia coordinada para abordarlas, ni desde el punto de vista médico, ni social, ni laboral. Sufrir una enfermedad neurológica puede suponer incertidumbre —un día estar fuera de juego y, al día siguiente, casi con normalidad—, una oscilación que desgasta, porque implica reorganizar los planes en torno a una salud imprevisible. Los afectados se enfrentan, también, a un estigma, pues todo esto ocurre en una sociedad donde parece que se mide el valor de las personas por su productividad, como si nuestra valía fuera algo que hay que demostrar. Esto multiplica la presión que ellos sienten, y es preocupante porque, de alguna manera, se cuestiona la dignidad infinita de todo ser humano según sus circunstancias. Debemos aspirar a que Europa siga siendo un espacio de protección de la vida y los derechos humanos, un espacio de ciencia e innovación donde la inversión en salud y cuidados nunca deje de ser una prioridad.