18
Jun
2026
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Día Internacional del Juego: promoción del derecho de los niños a jugar (debate)
Señor presidente, señor comisario, señorías, el juego es parte esencial del desarrollo del niño durante la infancia. Jugar es vital: es su respuesta natural para llegar a ser un adulto equilibrado. Muchas veces se habla de jugar como si fuera algo sin importancia —cosa de niños—, sin distinguir los diferentes tipos de juegos, todos necesarios. A través de la curiosidad, se ponen a punto los sentidos, porque son los que luego nos permiten comunicarnos con el mundo y relacionarnos. Vista, oído, tacto y su integración: hacer ruido, construir, tocar, la creatividad. Necesitan toda esa información. Con la libertad del movimiento se lleva a cabo el desarrollo motor. Cada período sensitivo implica aprender unas competencias: voltearse, gatear, andar, recoger una pelota, lanzarla, no solo a nivel musculoesquelético, también cognitivo, pues se entrenan así las funciones ejecutivas. El juego simbólico es el laboratorio social donde se aprende a comprender el mundo y a proyectarse en una vocación tanto personal como profesional. En los juegos de reglas o de equipo —el deporte— se aprende a convivir, a esforzarse, a encontrar la unidad, a manejar las emociones, a frustrarse, perder o ganar. Para que todo esto ocurra es necesario que el niño encuentre el entorno apropiado de afecto y estabilidad, de seguridad, pero también de desafío. El primer mundo es el vientre de nuestra madre; después, el hogar, la familia, padres, abuelos, hermanos, que dan abrigo, alimento y vínculos, raíces que son las bases del desarrollo psicoemocional, pero pronto, cada vez antes, empiezan las agendas repletas y menos tiempo con los nuestros y más delante de las pantallas. Si el niño no tiene oportunidad de jugar, experimentar o rozar, arrastrará carencias con repercusiones emocionales, sociales y de aprendizaje que serán difíciles de solventar más adelante. Yo me pregunto si los adultos de hoy sabemos ver la belleza de la infancia, si la disfrutamos, si la entendemos, para así implicarnos y garantizar al niño lo que necesita: familia, tiempo con sus padres, casas acogedoras, parques y colegios. Ofrecer oportunidades para que luego puedan abrir sus alas y ofrecer al mundo el amor que han recibido en esta etapa.