6
May
2025
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Informes de 2023 y 2024 sobre Turquía (debate)
Señor presidente, señora comisaria, quiero agradecer el trabajo de los ponentes con los que he trabajado en un expediente importante en el que a veces hemos expresado posiciones muy diferentes, pero en el que he encontrado un ambiente de negociación muy abierto y que esperamos que conduzca a una mejor relación de la Unión Europea con Turquía. El eje esencial del informe de este año es distinguir entre la condición de Estado miembro de la Unión Europea y la condición de socio y vecino de la Unión Europea. ¿Y por qué ahora hacemos esta insistencia que no hemos hecho otros años? Porque en la prensa turca —el 90 % de ella, prensa progubernamental— se extiende una propaganda nacionalista que viene a decir «nuestro poder militar nos abrirá las puertas para ser Estado miembro de la Unión Europea», lo que fomenta una equivocación en la opinión pública que nos parece que es necesario disolver. Saben que no va a pasar. No hay atajos para ser Estado miembro de la Unión Europea. Ser miembro de la Unión Europea va de democracia madura y de valores, mientras que ser socio puede ser muchas otras cosas. La adhesión es un proceso normativo —no negociable— y el partenariado es transaccional y depende de la confianza mutua y de la capacidad para tener intereses compartidos. Y, por eso, el proceso de adhesión está congelado y bien congelado. Desde 2013, no hay buenas noticias en relación con las libertades y el Estado de Derecho en Turquía. La represión ha alcanzado cualquier rincón de la sociedad en el que haya el más mínimo criticismo, incluso el más inocente, desde estudiantes, periodistas, activistas, miembros de la oposición, los líderes de la asociación empresarial más importante del país, los periodistas —como el caso del periodista sueco al que nos referimos— y cerramos el ciclo, por el momento, con la detención de İmamoğlu, que es quizá el caso más grave de los últimos años y que demuestra a las claras el carácter plenamente autoritario del régimen, esencialmente —repito, esencialmente— incompatible con el carácter de ser miembro de la Unión Europea. Pero Turquía, además de ser un candidato fallido, es un vecino. Es un posible socio en otros aspectos de la relación. Y Turquía nos obliga a nosotros a considerarla una vez más como un posible socio —y solo como un posible socio— al abandonar las reformas democráticas y cerrarse a sí misma el proceso de adhesión. Turquía puede ser importante desde el punto de vista de la seguridad. Hay que entenderlo y es bueno hacer algunas precisiones: Turquía es miembro de la OTAN desde 1952. A veces, leyendo la prensa turca y hablando de la importancia de Turquía para la seguridad occidental, parecería que Turquía va a pedir la entrada en la OTAN, de la que es miembro desde 1952. Pero Turquía tiene una alineación con la política exterior y de seguridad común de la Unión Europea del 5 %. Nuestra coincidencia con Turquía en política exterior es del 5 %, lo que cae casi en el error estadístico. Con dos veces que se equivoquen, pueden duplicar la alineación con la Unión Europea —y tiene, además, los misiles rusos S-400—. Por tanto, son cosas que Turquía tiene que examinar: si esta actitud y esta falta de alineación es la base sobre la que construir nuestra relación en política exterior con ellos. Economía: la economía también va del Estado de Derecho. La falta de una certidumbre legal en los procesos jurídicos en Turquía está alejando a los inversores, y, seguramente, perseguir a los líderes del mundo empresarial tampoco ayuda. Sin embargo, comisaria, usted me ha oído decirlo: nosotros defendemos la continuidad de los diálogos de alto nivel. Precisamente porque Turquía se cierra a la adhesión, hay que abrir el capítulo del partenariado, y los diálogos de alto nivel son un elemento esencial siempre que no se confundan en absoluto con el proceso de adhesión.