16
Sep
2021
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Transparencia de la UE en el desarrollo, adquisición y distribución de vacunas contra la COVID-19 (debate)
Señor presidente, señorías, Europa empieza a dejar atrás los meses más duros de esta pandemia, y esto ocurre, sin ningún género de dudas, gracias a la extensión de la vacunación y a la responsabilidad demostrada por la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas, europeos y europeas, que se han volcado con todas sus esperanzas en un proceso de vacunación que está haciendo historia y que ha conseguido inmunizar a más del 70 % de la población de la Unión Europea, tal y como comentaba la comisaria. Creo que es importante empezar precisamente elogiando este magnífico nivel de inmunización y felicitando a los profesionales y autoridades sanitarias de los Estados miembros por los magníficos datos. Pero celebrar este éxito no está reñido con el correcto ejercicio de nuestras responsabilidades políticas e institucionales y, en coherencia con esto, hoy debatimos sobre los errores cometidos —intencionados o no—, como es la falta de transparencia y la opacidad en el acceso a la información sobre el proceso de adquisición y distribución de vacunas, tanto por parte de la Comisión Europea como de las compañías farmacéuticas, porque no podemos obviar que parte del milagro de estas vacunas se ha obrado gracias a las grandes inversiones de dinero público adelantado por la Unión Europea a empresas que apenas han asumido riesgos. Por lo tanto, los europeos y europeas tienen derecho a conocer las condiciones en las que se ha gastado su dinero. ¿Cómo puede ser que a estas alturas aún no sepamos cuánto nos han costado las vacunas? ¿Cómo puede ser que los ciudadanos y ciudadanas europeas todavía no sepan en qué condiciones se han negociado los contratos con las compañías farmacéuticas? Es difícil responder a los ciudadanos que acuden al Parlamento con peticiones de transparencia al respecto, y no podemos sino darles la razón cuando nos piden más información. Esto es especialmente grave, y más sabiendo que, con el dinero de todos, algunas compañías farmacéuticas incumplieron los compromisos de entrega, provocando retrasos en la vacunación, incertidumbre y desconfianza. No creo que, a estas alturas, tengamos que andar razonando un derecho, que ya el propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea reconoce, que es el derecho a la protección de la salud, que prevalece sobre otras consideraciones económicas. Tampoco creo que, a estas alturas, este Parlamento tenga que denunciar las limitaciones a las que nos hemos visto sometidos en nuestras tareas de control en la gestión y ejecución de los fondos que se han destinado a la vacunación. Y también es fácil extraer otra importante conclusión ante la falta de información y de transparencia: las noticias falsas, la desinformación han campado a sus anchas, y eso, al final, repercute en el proceso de vacunación. Todavía hoy las autoridades sanitarias han de hacer un esfuerzo para hacer entender a ciertos ciudadanos que vacunarse es la mejor opción para vencer el virus. Si bien la media europea es buena, esto se consigue gracias a países con excelente tasa de vacunación, como Malta, Portugal o España, donde, junto con otros países, superamos con creces la media europea de población inmunizada. Pero no es menos cierto que hay países, como Bulgaria o Rumanía, donde, a día de hoy, solo llegan al 18 % o al 27 % respectivamente. Estos últimos datos ponen de manifiesto que muchos ciudadanos de la Unión optan por no vacunarse y, en muchos casos, lo hacen por esa desconfianza que se ha generado y a la que estoy haciendo mención. Esto se podría haber evitado si, desde el inicio de las negociaciones con las farmacéuticas, se hubiera ofrecido la mayor transparencia posible. Por eso, estamos pidiendo que se conozca en qué condiciones se han llevado a cabo los contratos con las farmacéuticas y qué implicaciones tienen. Es una información que no solo merecen saber los ciudadanos, sino también esta Cámara, en la que hoy debatimos sobre este asunto. Durante este proceso, la Comisión Europea se ha olvidado de que el Parlamento Europeo tiene el mandato, por parte de los Tratados, de controlar el presupuesto europeo, función que se ha visto gravemente dificultada por la falta de datos. La Comisión Europea no puede volver a responder con la opacidad ante una situación de esta magnitud. Es necesario que esta Cámara sea parte clave en futuros procesos de negociación y que no seamos «convidados de piedra», que es lo que hemos sido hasta ahora.