La renovación de la autorización del maíz transgénico NK603 se cuestiona por la insuficiente evaluación de riesgos a largo plazo para la salud y el medio ambiente. Este maíz, resistente al glifosato, fomenta el uso de este herbicida controvertido, aumentando preocupaciones ecológicas y sanitarias. Aunque la EFSA no encontró nuevos riesgos, estudios independientes y el principio de precaución de la UE señalan efectos acumulativos no resueltos. Políticamente, la oposición busca corregir el déficit democrático en los procesos de aprobación de OGM y garantizar condiciones justas para los agricultores de la UE. Se exige una reforma del procedimiento de autorización para integrar mejor las incertidumbres científicas y las objeciones sociales.