La aprobación del maíz genéticamente modificado DAS1131, resistente a plagas y tolerante al glifosato, es cuestionada por incertidumbres científicas sobre sus efectos a largo plazo. La evaluación de la EFSA no consideró impactos acumulativos, socioeconómicos ni riesgos para la biodiversidad o la salud. Los ensayos de campo se realizaron en condiciones limitadas, sin reflejar la diversidad de zonas agrícolas. El Parlamento Europeo solicita retirar la propuesta de la Comisión y reformar el proceso de aprobación de OGM. Se insiste en aplicar el principio de precaución y cumplir con compromisos internacionales de sostenibilidad.